Toallita

Las toallitas húmedas son unas recién llegadas a la higiene personal que están poniendo en jaque a nuestros eficientes sistemas de saneamiento de aguas residuales. Las usamos como sustitutos del papel higiénico y, mecánicamente, las tiramos al váter. Grave error. Estamos dando de comer al terrible ‘monstruo de las toallitas’. Porque lo que tiramos al inodoro no es papel.

Hechas de algodón, sus fibras no se desintegran con facilidad en el alcantarillado, apelmazándose hasta convertirse en gigantescas piedras textiles. Tan compactas que al final atascan y rompen tuberías y bombas de impulsión de los sistemas de depuración, disparan el consumo eléctrico e incluso originan asquerosos desbordamientos de aguas fecales.

Sólo en Euskadi se vertieron por el retrete el año pasado un total de 2.400 toneladas de toallitas higiénicas, provocando graves atascos y averías estimados en un millón de euros.

En la región de Murcia ocurre exactamente lo mismo. Allí se tiran anualmente al inodoro 2.816 toneladas de toallitas, que se dice pronto.

El coste de limpieza de estos residuos indeseables supone aumentar entre 4 y 6 euros por persona y año la inversión en mantenimiento y tratamiento de las aguas residuales. Ello equivale a encarecer entre un 8 y un 14 por ciento estas actividades, según datos de la Asociación Española de Abastecimiento de Aguas. Vamos, que de limpios nos estamos pasando y la estamos liando parda, nunca mejor (o peor) dicho.

Pero el problema tiene fácil solución. El váter no es un “cubo de la basura” donde tirar condones, tampones, bastoncillos, discos desmaquilladores, hilo dental, restos de comida, chicles, envoltorios varios y, por supuesto, toallitas higiénicas. Pon un cubo de basura al lado del retrete y ¡deja ya de alimentar a ese monstruo de mierda!
César-Javier Palacios, La crónica verde